por Mª Jesús MOSCOSO. Periodista.

En el ocaso del año 1248 entraba en la ciudad de Sevilla el rey Fernando III. Comenzaba así la historia de un idilio eterno entre el monarca y la ciudad. Una relación vivida con fervor santo, que mostró la piedad y entrega abnegada de San Fernando por devolver a esta tierra el esplendor hispalense en la historia de España. El Santo, como así fue conocido por todos, hizo de su vida una ofrenda a Jesucristo en favor de los más necesitados. Ese fue también, el santo monarca, Fernando.

Alfonso_02No podría ser casual que uno de los días más importantes de la historia de Sevilla estuviera marcado en el calendario como el día de la celebración de la onomástica de San Clemente, 23 de noviembre, y que a su vez, el Papa que finalmente terminara de sustanciar el proceso de canonización del Rey de España —al que el pueblo sevillano y la Iglesia de dicha ciudad venían llamando “Santo”— fuese llamado de nombre, también, Clemente. Para ser más exactos, el papa Clemente X, en el año 1671.

Avatares del destino o, simplemente, porque así estaba dispuesto, lo cierto es que el que podríamos llamar con total propiedad “Rey de Andalucía”, tuvo un papel fundamental en la historia de España, en general, y en la de la comunidad autónoma andaluza, en particular, más concretamente, en Sevilla. Ciudad, esta última, que pasaría a manos cristianas de manera definitiva el 23 de noviembre de 1248, formando parte de la gran reconquista que el citado monarca llevó a cabo durante su reinado, y quedando, de este modo, incorporada la zona del valle del Guadalquivir a Castilla. Una reconquista que supondría la misma extensión que el terreno conquistado previamente por sus antecesores —desde Pelayo— durante un periodo de quinientos años. De ahí que se haya afirmado, en más de una ocasión, que en la mente del Rey de Castilla, al entrar en Sevilla ya existía la idea de España, adelantándose por ello a su tiempo.

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